Arte, cultura, salud y bienestar: Marian López Fernández Cao habla sobre el poder transformador de la creación
¿Qué relación existe entre el arte, la cultura, la salud y el bienestar? ¿Cómo pueden las prácticas artísticas ayudarnos a comprender nuestras emociones, construir vínculos y recuperar la sensación de que somos capaces de hacer cosas?
Estas fueron algunas de las preguntas que atravesaron un nuevo episodio de Cultura en Iberoamérica: conversaciones desde Bogotá, videpodcast de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá. En esta ocasión, Jorge Melguizo y Natalia Currea conversaron con Marian López Fernández Cao, catedrática de Educación Artística de la Universidad Complutense de Madrid, investigadora en artes visuales y justicia social y especialista en arteterapia.
Desde Vigo, España, Marian compartió reflexiones sobre el papel de las artes en la vida cotidiana y su capacidad para generar vínculos, organizar emociones, acompañar procesos de transformación y contribuir al bienestar.
¿Para qué la cultura?
La conversación comenzó con una pregunta esencial: ¿para qué la cultura? Para Marian López Fernández Cao, la respuesta está profundamente relacionada con nuestra capacidad de vincularnos, comprendernos e imaginar otras posibilidades de vida:
“¿Para qué la cultura? Bueno, para vincularnos con los demás, para comprender dónde estamos, para comprendernos a nosotros y a nosotras mismas, para imaginar futuros, para pensar estrategias, para imaginar una vida mejor”.
Desde esta perspectiva, la cultura no es únicamente aquello que observamos, escuchamos o consumimos. También implica participar, crear y relacionarnos con otras personas. En ese sentido, las artes pueden convertirse en espacios para recuperar la dimensión colectiva de la vida. Para Marian, esta dimensión adquiere especial importancia en un contexto marcado por la digitalización y el aislamiento:
“Las artes nos salvan porque nosotros necesitamos ir al teatro (...) y tenemos que ponernos a escuchar a los otros, lo mismo en la música o lo mismo en cualquiera, sobre todo de las artes escénicas”.
Así, el encuentro con las artes puede funcionar como una respuesta frente a algunas formas de individualización y soledad contemporáneas.
El arte como espacio para comprender las emociones
Uno de los temas centrales de la conversación fue la relación entre las prácticas artísticas y las emociones. Para Marian, las artes no solamente permiten organizar aquello que sentimos, sino también comprender lo que nos sucede y darle sentido a nuestras experiencias.
“Las artes permiten, con las emociones que tú traes, hacer algo y yo diría algo más: te permiten dar sentido a lo que te está pasando”.
La creación artística puede convertirse así en una forma de elaborar experiencias difíciles. Escribir, dibujar, bailar, hacer cerámica o crear una pieza musical son maneras de utilizar diferentes lenguajes para expresar aquello que puede resultar difícil de explicar directamente.
“Cuando nosotros nos ponemos a escribir (...) de alguna manera estamos entendiendo o estamos intentando comprende qué es lo que nos sucede en el mundo”.
Para la investigadora, esto resulta especialmente relevante frente a emociones como la tristeza, la soledad o el duelo, que también hacen parte de la experiencia humana y que no deberían ser necesariamente reprimidas.
“Nosotros no vivimos en el mundo de Instagram, donde todos tenemos que ser felices. (...) El mundo del arte está lleno de tristeza, está lleno de soledad, está lleno de desesperación. Y está muy bien que estén esos elementos, porque eso forma parte del ser humano”.
Crear para recuperar la capacidad de hacer
Otro de los planteamientos de Marian López Fernández Cao estuvo relacionado con la destreza: esa sensación de descubrir que podemos hacer algo con nuestras manos, nuestro cuerpo, nuestra imaginación y nuestro tiempo.
La creación artística, explicó, permite recuperar una relación con el aprendizaje que no está necesariamente asociada a la evaluación o al rendimiento. Se trata de experimentar, equivocarse, insistir y descubrir progresivamente una capacidad.
“Nos está enfermando el sentirnos incapaces, el sentirnos incompetentes, cuando ni siquiera hemos intentado aprenderlo”.
Por eso, aprender a dibujar, bailar, tocar un instrumento o trabajar con cerámica puede tener un valor que va más allá de la técnica. El proceso permite desarrollar una relación diferente con la frustración, el esfuerzo y el tiempo.
“Esa destreza que tiene que ver con el esfuerzo de tu propio cuerpo y tu mente y tu percepción, eso también es muy saludable, porque te devuelve una sensación de ‘oye, sirvo para algo’”.
En este sentido, las artes pueden contribuir al bienestar precisamente porque no prometen resultados inmediatos. Crear requiere tiempo, práctica y paciencia, elementos que contrastan con una cultura marcada por la velocidad y la gratificación instantánea.
Creación como posibilidad de vida
La conversación también abordó las experiencias de trauma y los procesos en los que el arte puede convertirse en una herramienta de acompañamiento. Marian explicó que, en estos contextos, uno de los primeros objetivos consiste en construir un espacio seguro, basado en la confianza, la escucha y la ausencia de juicio.
“Uno de los principales elementos es construir o reconstruir un espacio de seguridad (...) y un vínculo en el que la persona te crea”.
Este acompañamiento busca que quienes participan puedan recuperar progresivamente la confianza en sí mismos y en los demás. Para ello, la creación no se plantea como una competencia ni como un examen de habilidades, sino como un proceso propio.
“Nuestra labor es acompañar en el proceso de creación del otro”.
En estos espacios, la persona puede decidir qué hacer, cuándo detenerse y cuándo continuar. El proyecto creador pertenece a quien crea y puede convertirse también en una oportunidad para renovar su proyecto vital. Marian resumió esta relación entre creación y vida a partir de una idea que considera fundamental:
“La capacidad de crear es paralela a la capacidad de sobrevivir”.
Desde esta perspectiva, crear puede convertirse en una forma de mantenerse conectado con la vida incluso en circunstancias adversas. Las artes permiten concentrarse, organizar pensamientos y emociones y encontrar momentos de sentido cuando el contexto resulta especialmente difícil.
Cultura, salud y bienestar
Durante la conversación, Natalia Currea, directora de Estar Bien Bogotá, planteó una diferencia fundamental: los proyectos que relacionan cultura y bienestar no necesariamente buscan formar artistas o enseñar una técnica artística específica.
La práctica artística puede ser un medio para desarrollar otras capacidades y experiencias. Por eso, no se trata necesariamente de aprender a pintar, bailar o tocar un instrumento para demostrar posteriormente una habilidad.
“Vamos a aprender algo tal vez sin darnos cuenta, pero nadie nos va a hacer un examen al respecto”.
En este tipo de procesos, la creación está acompañada por la reflexión. No basta con producir una obra: también puede ser importante conversar sobre lo ocurrido, reconocer las emociones que aparecieron y poner en palabras aquello que se experimentó. Para Marian, esta dimensión reflexiva permite conectar la experiencia sensible con la capacidad de comprenderla:
“No son solo emoción, sino que es: vamos a reflexionar sobre lo que hemos estado creando y qué tiene que ver con nosotros y vamos a poder decirlo”.
De esta manera, arte, cultura y bienestar pueden encontrarse en procesos que combinan creación, acompañamiento, escucha y reflexión.
Museos: espacios para el bienestar
Hacia el final de la conversación apareció otro escenario con un enorme potencial: los museos. Para Marian, estos espacios pueden convertirse en lugares de encuentro, seguridad y dignificación, y ampliar sus posibilidades de trabajo en torno al arte, la salud y el bienestar.
“Los espacios de los museos tienen un potencial fantástico porque son espacios en silencio”.
Además de acercar a las personas a las obras de arte, los museos pueden propiciar conversaciones y experiencias que permitan relacionar aquello que se observa con las propias vivencias. En este sentido, Marian destacó la posibilidad de aprovechar los espacios culturales para trabajar con diferentes comunidades y generar experiencias de participación que no estén centradas exclusivamente en la transmisión de conocimientos artísticos.
“Los museos tienen una oportunidad fantástica de incorporar toda la parte de arte, salud y bienestar”.
Recuperar la levedad
Otro concepto que apareció en la conversación fue el de la levedad: la posibilidad de recuperar momentos de tranquilidad y placer después de atravesar experiencias difíciles. Marian recordó el cómic La levedad, que aborda la experiencia de una persona que ha vivido un trauma y que busca recuperar precisamente esa sensación de poder estar en el mundo sin cargar permanentemente con todo lo ocurrido.
“Nosotros intentamos ayudar a recuperar la levedad, la levedad del ser, la tranquilidad, ese momento de placer”.
Desde esta perspectiva, el bienestar no significa negar el dolor o eliminar las experiencias difíciles, sino generar condiciones para que las personas puedan volver a experimentar otras dimensiones de la vida: crear, jugar, aprender, relacionarse y disfrutar.
¿Cómo mejorar la vida de los demás?
Al cierre de la conversación, se le preguntó a Marian cuál es la pregunta que la acompaña actualmente, aquella que orienta su trabajo y sus preocupaciones. Su respuesta sintetizó buena parte de la conversación:
“Yo creo que yo siempre me hago la misma pregunta: ¿cómo mejorar la vida de los demás y cómo mejorar esta sociedad?”
La pregunta conecta las diferentes dimensiones abordadas durante el episodio: cultura, educación, arte, salud, bienestar, creación y comunidad.
Las reflexiones de Marian López Fernández Cao invitan a ampliar la manera en que entendemos el papel de las artes. Más allá de la formación artística o del acceso a bienes culturales, la creación puede ser una experiencia para comprender las emociones, construir vínculos, recuperar capacidades, elaborar experiencias y encontrar sentido.
En un contexto en el que la soledad, el aislamiento y la aceleración de la vida cotidiana plantean nuevos desafíos para el bienestar, la cultura aparece como un espacio para volver a encontrarnos con otras personas y también con nosotros mismos. Porque, como plantea Marian, crear no es solamente producir una obra: también puede ser una manera de ponernos en la vida.


